El roce hace el cariño

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Me doy el lujo de publicar una foto del Estadio Narcís Sala ya que este post lo escribo pensando en como un equipo ignorado totalmente por mi parte (aún sabiendo quienes son) llegó a ganarme poco a poco.

Trabajando para otro histórico como el Palamós F.C. en la temporada 2016/17 me toca ir a grabar y analizar todos los partidos del Sant Andreu ya que dos semanas después jugamos contra el rival que deja. Con fácil acceso al estadio en metro me dirijo con mi mochila hacia la puerta principal y mi nombre no está en la lista. Mi primer día y algún fallo de comunicación me puede dejar a las puertas, pero en cuestión de segundos aparece un hombre alto y me pregunta de que equipo soy; respondo Palamós y con una sonrisa me dice: “pasa, pero más te vale sacar malos informes”.

Subo unas escaleras y me asombro al ver tanta gente cuando aun faltaba mucho para el inicio del partido; aparece ese mismo hombre alto y me aconseja colocarme detrás de los socios, en la zona alta y a cubierto. Me asombro de la amabilidad de los locales ya que había ido a otros campos donde me restringían zonas de los estadios.

Ya estoy en mi sitio, un sitio que repetiría cada dos semanas y que me terminaría por gustar. La afición, al principio, me pareció apagada: unos chicos con unas banderas detrás de una de las porterías pero que se transformaban en cuanto el árbitro pitaba el inicio del partido. Los 90 minutos animando con cánticos variados que me asombraban y me recordaban a los aficionados andaluces, esas aficiones que no se cansan de cantar indiferentemente del clima y del resultado del encuentro. Terminé teniendo envidia de que tuvieran un grupo que animara de esa manera y contagiaran al resto de los aficionados. Lo que me pareció la ostia fue tener que ir a Junquera a grabar al Sant Andreu y ahí estaban, un grupo de unas 10 personas con sus banderas y cánticos, totalmente envidiable.

Un hombre mayor me saluda todos los partidos y me pide mi opinión al finalizar todas las primeras partes y al final de los partidos. El hombre me expuso que quería saber la opinión de un tercero y me agradecía mi sinceridad en las respuestas. Me sentía como un invitado al que le dejan sentarse en el sofá con una jarra de cerveza; realmente estaba muy a gusto en casa del rival, un rival deportivo y competitivo ya que ambos estábamos muy cerca en la clasificación de la tercera división española.

Partido a partido analizando a los jugadores les vas conociendo muy bien, sabes que puede aportar uno o el otro, qué jugadores tienen su rol asumido como suplentes y quienes se enfadan si lo son. Ves el calentamiento y sabes con qué actitud saldrán al partido, escuchas opiniones varias sobre el entrenador y te ríes de aquellos que cambian de opinión si ganan o pierden (siempre hay alguno en todas las aficiones), pasan los partidos y empiezas hasta a ponerte nervioso si el partido va igualado y se acerca el final, pasan los partidos y sin darte cuenta te ves celebrando un gol con ese hombre que está sentado delante de ti y te pide tu opinión al final del partido.

Al final, seas de donde seas, vengas de donde vengas, el roce hace el cariño.


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