Más magia y menos órdenes.

aimar.pngTodos los amantes de los jugadores ofensivos recordamos al “Payasito” Pablo Aimar, ese jugador con la camiseta medio salida que disfrutaba al cien por cien del balón sin preocuparse por la imagen que pueda dar más allá del rectángulo de juego. ¿Os recuerda a alguien verdad? Messi, el jugador menos presumido del mundo del fútbol y el más envidiado por todos.

Quiero hablar de Aimar por razones profesionales y relacionadas con el fútbol formativo.

 

Aimar pertenece al Valencia del 2001 al 2006 y coincide con Rafael Benítez del 2001 al 2004 y no voy a escribir sobre trofeos o clasificaciones, únicamente quiero que veamos como encajan perfectamente la “mágia” con el “trabajo”.

He viajado a Orlando a conocer una academia y ver como trabajan y hay caso similar. El orden táctico tanto ofensivo como defensivo es fundamental para la academia porque relacionan la táctica y la técnica en todas sus tareas, trabajan de una manera muy global y muy poco trabajo analítico o repetitivo menos en algunos casos necesarios tanto individuales o grupales. Hay un equipo dentro de esa academia que me hacía pensar en el Valencia de Benítez y especialmente relacionaba a los jugadores con Pablo Aimar. Un grupo plagado de talento donde destaca un jugador que ha aprendido a jugar de una manera muy individualizada y ahora debe (deben) aprender a jugar pensando en el equipo.

Una filosofía que forma parte de los pilares de la academia es que quieren enseñar a jugar de una manera ordenada, progresiva y paciente pero lo que no quieren de ninguna manera es que cada jugador pierda su esencia. El jugador individual tiene que explotar esa capacidad del uno contra uno, explotarla una y otra vez y perfeccionar la una y otra vez para que cuando sea adulto sea un jugador extraordinario. Al jugador lo van puliendo muy despacio, con mucha paciencia, sin agobiarle en que si debe o no debe pasar el balón en cada una de las situaciones del partido. Van con mucho cuidado en no hacer perder a ese jugador su esencia, ante todo buscan la progresión del jugador antes que un resultado que haga quedar bien al entrenador o a la misma academia, lo más importante de todo, incluso que el grupo es el jugador (uno a uno).

El caso de Pablo Aimar es muy parecido al de este pequeño rubito que destaca por banda izquierda, Aimar se encuentra con un entrenador muy metodológico y extremadamente táctico. Encajando las piezas sin pulir, seguramente Benítez no habría conseguido unirlas, pulió a Aimar sin que perdiera su magia al igual que hizo con la totalidad del grupo y eso hizo grande al Valencia y hizo que fuese regular en los puestos de arriba durante varias temporadas.

Es un ejemplo para todos los formadores de pequeños talentos: Más magia y menos órdenes.

 


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